Insomnio infantil: Uno de cada 3 niños duerme mal

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Insomnio infantil: Uno de cada 3 niños duerme mal. El insomnio también es cosa de niños. Un trastorno del sueño que preocupa a los especialistas en la medida en que dormir, en los primeros años de vida, es la actividad más importante y cuya calidad, es decir, dormir bien o mal, influirá directamente en su comportamiento y aprendizaje, pudiendo provocar alteraciones cognitivas y conductuales, así como problemas físicos tales como dolor de cabeza, dolor de estómago o trastornos alimentarios, entre otros.
 
Dormir como un bebé. Quién no ha oído alguna vez esta expresión, aunque lo cierto es que, si nos atenemos a los datos médicos, no siempre es sinónimo de dormir bien. De hecho, uno de cada tres niños, entre los seis meses y los cinco, tiene problemas de insomnio. ¿Cuál es la causa? Los médicos, y en concreto el Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria el cual atiende una media al año de 300 niños en la unidad del sueño, es la incorrecta adquisición de un hábito esencial para el desarrollo y el crecimiento, el hábito del sueño. Dormir es fundamental para nuestro organismo, es la manera de recargar energía, independientemente de la edad. Pero en el caso de los más pequeños hay que tener en cuenta que es la actividad diaria a la que más tiempo dedican. El sueño, como subrayan los especialistas, influye directamente en el comportamiento, aprendizaje, desarrollo cognitivo y conductual. La falta de sueño está detrás de algunos problemas de salud como los trastornos alimentarios, los dolores de cabeza y de estómago.
 
Dormir mal en el caso de los niños se suele traducir en irritabilidad, cambios de humor o hiperactividad. Señales de que el niño está durmiendo mal o no consiguiendo descansar, a las que hay que sumar que la mayoría de los niños con trastornos del sueño, además de tener problemas para dormirse, se despiertan varias veces a lo largo de la noche (una media de 5 a 15 veces según los especialistas).
 
Los problemas de sueño no están reñidos con la edad, es decir, pueden aparecer en cualquier momento, siendo las causas muy similares tanto en niños como en adultos. Eso sí, en el caso de los más pequeños, sí hay algunas consecuencias que son específicas de la edad, como los terrores nocturnos, sonambulismo, el movimiento repetitivo de alguna parte del cuerpo (ritmias del sueño), bruxismo dental, ronquidos o apneas, narcolepsia, eneuresis nocturna o mioclonías fisiológicas (sensación de caída al vacío durante el sueño).
 

Para dormir bien lo esencial es adquirir una serie de hábitos saludables, porque nuestro sueño también requiere de cuidados. Entre otros consejos, mantener horarios de descanso regulares, crear un entorno adecuado y tranquilo (poca luz, fresco) o no irse a la cama con sensación de hambre. En el caso de los más pequeños, sobre todo los bebés, deben aprender a distinguir entre el día y la noche, al tiempo que debemos procurar mantener un ambiente silencioso y tranquilo y evitar que duerman fuera de su cuna (de esta manera reconocerán el lugar del descanso, por lo que debemos evitar que se duerman en los brazos o en la cama de los padres).

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