Patologías crónicas: ¿Cuáles nos afectan más a las mujeres?

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Patologías crónicas: ¿Cuáles nos afectan más a las mujeres? Dolor de espalda, migraña e hipertensión son dos de las enfermedades crónicas, aunque no las únicas, cuya prevalencia suele ser mayor entre las mujeres. Trastornos crónicos que pueden mermar la calidad de vida, por lo que además de adoptar una serie de medidas preventivas para evitar su aparición, cuando se detectan los primeros síntomas es importante contar con un diagnóstico y seguir un tratamiento. Pero, ¿qué otras patologías crónicas son más frecuentes entre las mujeres?
 
Las diferencias en la salud vienen marcadas por el tipo de patologías a las que hombres y mujeres somos más proclives, al menos tal y como reflejan las estadísticas. Así, entre las patologías crónicas, y según los datos de prevalencia recogidos en la última Encuesta Nacional de Salud (2011-2012), las enfermedades reumáticas, el dolor de espalda y la migraña o dolor de cabeza recurrente son las más frecuentes entre las mujeres. A esta lista podríamos sumar la mayor predisposición a padecer procesos depresivos o ansiosos.
 
Hay otras patologías crónicas que además, en los últimos años, también han experimentado un aumento de diagnósticos, y no solo entre las mujeres, entre la población en general. Estamos hablando de la hipertensión, la artrosis o artritis, la hipercolesterolemia y la diabetes. Factores de riesgo, en algunos casos, de los problemas cardiovasculares, al igual que sucede con la obesidad, trastorno de peso o sobrepeso que preocupa porque no podemos olvidar que cada kilo cuenta para nuestra salud.
 

Prevención patologías crónicas: Hábitos saludables

Promover y adoptar hábitos saludables es una premisa fundamental para prevenir los problemas de salud. Hábitos saludables que incluyen el seguir una dieta sana, variada y equilibrada, la práctica de ejercicio físico de manera regular, dejar el hábito de fumar, mantener un peso saludable (índice de masa corporal) y moderar el consumo de bebidas alcohólicas. Medidas sencillas que, además de estar en nuestras manos llevarlas a la práctica, nos pueden reportar interesantes beneficios para nuestra salud. Según datos de la Sociedad Española de Cardiología y la Fundación Española del Corazón, 8 de cada diez infartos se podrían prevenir corrigiendo factores de riesgo como el exceso de peso, el tabaquismo, el sedentarismo, la hipertensión o la diabetes.
 
La alimentación, siguiendo las pautas de la dieta mediterránea, ejerce un efecto protector contra los problemas de salud, siendo además la mejor herramienta para controlar los problemas de obesidad o sobrepeso. Llevar una dieta desequilibrada, demasiada rica en grasas y azúcares y pobre en frutas y verduras, se traduce en mayores riesgos de padecer obesidad. Por su parte, el sedentarismo nos hace más vulnerables a los problemas de corazón, problemas de huesos, presión arterial elevada y trastornos de circulación sanguínea. El tabaco, por su parte, eleva los riesgos de endurecimiento de las arterias (lo que se conoce como arteriosclerosis), al tiempo que favorece la formación de coágulos que pueden provocar un infarto.
 
Seguir unos hábitos saludables no solo protege nuestra salud, sino que en caso de padecer alguna dolencia también ayuda a mitigar los síntomas y a mejorar la calidad de vida.

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